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El maestro, el que primero se equivocó.
 
EL SENSEI tiene a su cargo una de las funciones más importantes de la vida social, la formación integral del individuo, en este caso, sus alumnos. No debe ser un autómata repetidor de técnicas y sistemas que otros fabrican, sino un animador de vocaciones múltiples que laten en el niño y el joven, buscando aplicaciones eficaces.
Educar debe ser una arte agradable, el Sensei formará caracteres como el escultor plasma estatuas. El que acepta la tarea de enseñar y no la desempeña eficazmente, causa un daño irreparable al judoka y por ende, a la sociedad, que le ha confiado su porvenir. El Sensei debe desenvolver en sus alumnos todas las aptitudes, pues ellas serán más tarde capacidades convergentes al bienestar propio y el de su entorno.
El Sensei debe librarse de toda imposición dogmática, enseñando a pensar más que a repetir, a crear más que a copiar.
Antes de tener en cuenta las rutinas del pasado, el Sensei deberá sugerir ideales vivos para el porvenir. Nada de metas escasas, el objetivo final es el hombre cada vez más humanizado.
 
Nadie educa a sus padres o a sus abuelos, sino a sus hijos o a sus nietos. Es importante pensar, que cada generación necesita adaptarse a condiciones nuevas del medio social. Educar es desenvolver la capacidad para trabajar y el derecho a la vida presupone el deber del trabajo. Al entreabrir las inteligencias en el cuerpo sano y diestro debe preverse que ellas pensaran y trabajarán en un ambiente moral donde se irán atenuando las injusticias y privilegios.
El Sensei debe conquistar el respeto con su buena conducta y capacidad. El Sensei o Maestro de Judo con sus alumnos, debe ser el ejemplo y ayudarlos a no ser los mejores del mundo, sino a ser lo mejor que cada uno de ellos puede, de acuerdo a sus aptitudes, llegar a ser. En la práctica del judo, la educación inicial en el Dojo amplía el hogar y la escuela hacia la sociedad. La simpatía y el amor pueden más que las katas, los randoris, los shiai o los atemis.
Si sostenemos que el Judo es, ante todo, educación, sus métodos y técnicas deben converger al desarrollo armónico de todas las actitudes individuales, para formar una personalidad armoniosa y fecunda, intensa en el esfuerzo, serena en la satisfacción, digna de vivir en una sociedad que tenga por ideal la Justicia.